El
cielo se estaba empezando a tornar de un rosa anaranjado, y la brisa nocturna
comenzaba a azotar mi rostro. Tenía centrada toda mi atención en ir por el buen
camino; volví la cabeza hacia atrás y vi a James galopando tras de mí,
pero por más que buscaba no veía a Sam.
Paré en seco al caballo.
-¡James,
para!-exclame-
-¿Qué
ocurre?-pregunto James mientras reducía la marcha del caballo-
-Sam no
está- respondí angustiada-
Emprendimos
el viaje de regreso apresuradamente. James iba a la cabeza, comenzó a
desenvainar la espada que llevaba en la espalda. Oí un relincho angustiado, era la
yegua de Sam. Nos dirigimos hacia el lugar de donde procedía el ruido. Un montón
de imágenes atroces comenzaron a formarse en mi mente, cerré los ojos con
fuerza creyendo que así conseguiría que estas cesasen. Me decía a mi misma que
no habría pasado nada que solo se había extraviado, pero sabía que si en verdad
le había sucedido algo malo nunca se lo perdonaría, sería una de esas cosas que
te atormentan toda la vida.
Los
gemidos de la yegua cada vez se oían mas cerca, apremié la marcha adelantando a
James.
-¡Loora,
espera!-gritó James-
-¡No
puedo, si le llegase a pasar algo nunca me lo perdonaría!-conteste jadeando-
-Yo
tampoco me lo perdonaría se te pasase algo a ti-dijo James mientras me
alcanzaba-
James
tiró suavemente de las riendas de mi caballo para intentar detenerme, nuestras
miradas se cruzaron brevemente pero intensamente, en sus ojos pude apreciar la
angustia que sentía, pero el grito del
pobre animal me saco de mis pensamientos.
-Lo
siento-dije mientras le besaba dulcemente-
Le
asesté un fuerte golpe a mi caballo, este sobresaltado salió al galope como
alma que lleva el diablo. Perdí de vista a James, tampoco llegaba a oír a la
yegua de Sam. Estaba sola y parecía que todo el bosque se había callado;
silencio, no me pareció un buen augurio. Un búho madrugador, ya que todavía no
había anochecido, salió de su escondite rompiendo aquel silencio sobrenatural.
Intente
agudizar mi oído pero nada ocurrió, parecía estar destinada a no encontrarle.
La luz rosada del atardecer del sol fue
lentamente dejando paso a la luz blanquecina de la luna llena.
La
noche era fría, me abrigue con una capa marrón que tenía guardada en una de las
alforjas del caballo. Me quede embelesada ante la belleza de aquel paisaje, la
luna llena me facilitaba mucho el camino iluminando todo con esa luz mortecina,
el resoplar de mi caballo me devolvió a la realidad.
La
yegua volvió a relinchar, reemprendí la búsqueda rápidamente para no volver a
perder la pista. El ritmo de mi corazón se fue acelerando a medida que me acercaba al lugar.
Al
final encontré a la yegua de Sam, estaba tumbada sobre el suelo intentando
levantarse inútilmente ya que las
riendas se habían enganchado en un arbusto. Descabalgué de mi caballo, y
desenrede al pobre animal y le susurre suavemente al oído para tranquilizarla,
se incorporó lentamente la deje atada a un árbol cercano junto mi caballo. Sam
no podría andar muy lejos, a no ser que la yegua le hubiera abandonado a su
suerte, temí lo peor.
El
crujir de una rama hizo llamar mi atención, me dirigí al lugar del que procedía
el sonido, no daba crédito a lo que mis ojos estaban viendo, Sam yacía tendido
en el suelo a la sombra de un grueso árbol, un hilillo de sangre le corría por
la frente, pero lo que realmente era extraño era el animal que se encontraba
junto a él limpiándole la herida a lametazos, era un sable de las sombras. El
animal al percibir mi presencia volvió
la cabeza para ver de qué se trataba, me miro fijamente con unos ojos de un color amarillo intenso. Un escalofrío
me recorrió todo el cuerpo, el sable volvió
la cabeza hacia Sam y lanzo un aullido estremecedor y se marcho.
Acune a
Sam, tenerlo en mis brazos me reconfortaba. Lo cargué a duras penas sobre mi
caballo y regresé tan rápido como pude para que Sam pudiera recibir atención médica.
Cuando llegamos una enfermera regordeta salió a ayudarme.
-¡Por
todos los dioses!-exclamó la mujer-¿Qué os a sucedido querida?-preguntó
angustiada-
-Se ha
dado un golpe en la cabeza al caerse del caballo-expliqué a la enfermera-
-Bueno,
seguro que no es nada-dijo la enfermera- Pero ayúdame a llevarle al interior
por favor-
A duras
penas conseguimos llevarle a dentro, más bien le arrastramos.
-Ahora
tienes que esperar fuera, porque le tenemos
dar un baño y examinarle la herida-dijo la enfermera mientras me
acompañaba hasta la puerta-
Me
senté en un banco que había en el exterior de la enfermería, el viento mecía
las hojas de un de un gran
roble y el rocío comenzaba a formarse
sobre la verde hierba. Las
pequeñas luciérnagas que se movían por el cielo parecían estrellas moviéndose rápidamente,
la espera se me hacia eterna. El quejido de una puerta que se acababa de cerrar me hizo volver la cabeza, pero no vi a nadie.
Una
sombra se presento delante de mí, era James.
-Hola-dije
mientras me levantaba-
No hubo
respuesta, se debía haber enfadado conmigo. Me disponía a acariciarle la cara, sabía que le encantaba,
pero él me paró el brazo con fuerza.
-¿Estás
loca?-preguntó irónicamente- Me tenías muy preocupado-
-Lo
siento, es que…-me disculpé-
-No
hace falta que te excuses, pero ¿no era yo el que hacia las cosas sin pensar?-dijo
con una sonrisa burlona-
-Ya,
pero en ocasiones no tienes
elección-dije aliviada-
-Perdona
por haberme puesto así-dijo mientras me soltaba el brazo suavemente-
-No
pasa nada-dije mientras me frotaba la parte del brazo que me acababa de liberar-
-Pero
ya sabes que a veces me pongo demasiado protector-dijo mientras una sonrisa
comenzaba a formarse en el rostro-
-Me
gusta que te preocupes por mi- le susurre al oído mientras le mordía ligeramente
la oreja-
-Pero
de nada sirve preocuparme si no me haces
caso-dijo mientras me daba la mano-
Al
entrar en contacto con su piel no recibí la sensación cálida y dulce a la que estaba acostumbrada,
en su lugar solo percibí oscuridad, un pozo oscuro sin fondo. Solté su mano en
el acto.
-Te
ocurre algo-murmuro-
-No, es que me has dado un calambre-mentí-
-Ah,
bueno si solo es eso-rió- Me tengo que ir-
Los dos
nos unimos en un largo abrazo que lo único que consiguió fue asustarme mas ya
que me sumió en las tinieblas y un miedo
atroz comenzó a recorrer mi cuerpo. Nos separamos, él me miró intensamente a
los ojos y yo intenté no mostrar ni un ápice de lo que estaba sintiendo.
Se dio la vuelta y a medida que andaba
se fue desvaneciendo poco a poco.
Caí
rendida al banco y no sabía porque comencé a llorar como una magdalena. La puerta de la enfermería
volvió a abrirse pero esta vez salió la enfermera que me había atendido.
-Señorita,
ya puede pasar-gritó la mujer-
Me
levante rápidamente para no hacer esperar a la pobre mujer que me estaba
sujetando la puerta. En cuanto crucé el umbral de la puerta me condujo hacia la habitación de Sam.
-Hasta
mañana no creo que despierte-murmuró la enfermera-
-De
acuerdo-murmuré mientras asentía-
-Tenga
un poco de caldo caliente para entrar en calor, que las noches son muy
frías-dijo ofreciéndome un humeante cuenco de caldo del que salía un olor
delicioso-
-Muchas
gracias-agradecí mientras lo tomaba con mis manos-
En
seguida el caldo me ayudo a entrar en
calor, me lo acabe antes de lo que había pensado, ahora que lo recordó no había
cenado. Agarré la mano de Sam con
fuerza, me produjo una sensación totalmente contraria que James, me reconfortaba parecía que me
quitaba todos los males de encima.
Esa
noche no tuve pesadillas y en todo
momento estuve unida a Sam.