sábado, 13 de octubre de 2012

Capitulo 8, Sam (Especial Los Soñadores)



El  sonido de las bisagras de la puerta me hizo volver la cabeza lentamente. Una menuda enfermera asomo la cabeza pesadamente en la habitación.
-Anda, si ya te has despertado- dijo risueñamente aquella mujer. No hacia ni 5 minutos que había abierto los ojos y aun me seguía doliendo la cabeza y la pierna.
-Si…
-¿Cómo te encuentras cielo?-pregunto mientras abría un pequeño armario.
- No muy bien, creo que nunca había estado así- dije con voz ronca- La cabeza me duele a rayos, y tengo la pierna como si me estuvieran haciendo vudú.
-Valla, valla. Por lo menos el humor sigue en su sitio-dijo la mujer con una sonrisa burlona.
-Ni que me hubieran echado un mal de ojo…
-No te preocupes cariño, ¡el sortilegio de una bruja no va a poder con la magia de las plantas!-carcajeó.
Reí ante la respuesta de la anciana. Esta, a su vez comenzó a rebuscar en los  distintos muebles de la habitación, y fue depositando varios frasquitos en una especie de carrito. Un pequeño deja vu apareció en mi mente. Oh dios, ya recuerdo lo que había pasado…
-Siento lo del carrito, señora….
-Llámame Molly. Disculpa mi falta de educación, joven. No te preocupes por lo de antes, esas cosas pasan-mencionó
-Encantado, me levantaría  a saludar pero…-dije, mientras me encogía de hombros.
-No te alarmes cielo, este es mi trabajo-sonrió mientras se acercaba con el carrito- Bueno, ahora viene la parte mala.
-¿Por qué?-pregunte, inquieto por su respuesta.
-Lo siento cariño, he estado observando tu pierna, y me temo que tenemos que amputar-dijo muy seriamente.
-¡QUÉ! No, por favor, seguro que hay otra solución. Llévenme a un hospital de mi mund…-exclame tempestuosamente, mientras las palabras se agolpaban en mi garganta.
-¡Tranquilízate corazón!-rió enérgicamente- Era una broma. Tendrías que haberte visto la cara…
-No ha tenido ninguna gracia, no se juega con ese tipo de cosas-dije, mosqueado.
-Bueno, aquí llega la peor parte…LAS MEDICINAS-contesto firmemente.
-¿Por qué son la peor parte?
-Mejor no preguntes hijo, podría decirse que son para paladares especiales…-aclaró.
Molly comenzó a mezclar los distintos ingredientes en un vaso de cristal. La mezcla  tenía un color verde oscuro, demasiado oscuro, y unas enormes burbujas aparecían a intervalos sobre la superficie del mejunje. Molly estaba en lo cierto, no tenía muy buen aspecto.
-Bebe-inquirió mientras depositaba el vaso en mis manos.
Agarre firmemente el vaso, y lentamente lo acerque a la comisura de  mis labios. Di un pequeño sorbito.
-Puaj… ¡Qué diablos es esto!-exclame mientras mi estomago rugía a causa de las nauseas- Molly, por favor, necesito la palangana…
-¡De eso nada, bébetelo todo de un trago!-dijo, mientras me obligaba a tomármelo.
Con cada sorbo que daba de aquella extraña medicina, si eso se podía llamar medicina, el sabor se volvía peor. “Vamos, solo un poco más”, me animé a mi mismo.
-Creo que voy a vomitar-dije mientras me llevaba la mano a la boca
-Ah ah, aguanta un poco mas-recomendó  Molly-  Tranquilo cariño, haz como yo. Inspira, espira…
A medida que me relajaba, la angustia iba desapareciendo.
-No exagerabas cuando decías que esto era la peor parte-intente sonreír- Gracias por todo, Molly.
-No tienes porque agradecérmelo corazón, es mi trabajo. Además no todo el mérito es mío, Loora me ayudo a curarte los cortes.
-Hablando de Loora, ¿sabes dónde está?-pregunté-Es que me gustaría agradecérselo a ella también.
-Pues si te soy sincera, no lo sé exactamente-dijo encogiéndose de hombros- La última vez que la vi iba a salir al jardín. Supongo que para airearse un poco, ha sido una larga noche. Pero si quieres puedo ir a buscarla.
-Me harías un gran favor-conteste agradecido.
Seguí con la mirada a Molly hasta que esta hubo cerrado la puerta. Sus pisadas resonaban a  lo largo del pasillo. Era una buena mujer.
Miré hacia el techo un buen rato, pensando en cómo había acabado aquí. Ahora lo veía todo más claro, aunque no sabía exactamente que me había llevado a aquel lugar. Parecía un sueño…  Pero  el dolor del brazo me respondió mi pregunta.
Aprecié un lejano barullo en el pasillo, que cada vez se acercaban más. Oí el movimiento del picaporte de la puerta. Fue Loora la primera en asomar tímidamente  la cabeza, seguida de James y Molly.
-¡Buenos días Bello durmiente!-bromeó Loora.
-¿Bello durmiente? Espero que no haya sido Molly la que te haya despertado dándote un beso de amor verdadero…-Concluyó James
-¡Un respeto a los mayores jovencito! Además, no es por ofender, pero no es mi tipo-carcajeó Molly-Habrá sido una de mis jóvenes aprendices…
-¡Uy, que calladito te lo tenias!-dijo Loora, guiñándome un ojo. Todos en la habitación estallamos en carcajadas.-No nos tienes que volver a dar estos sustos-Loora cambió de tema- ¿Vale?
-Si cada vez que pierdes una carrera acabas así, no vas a durar ni un telediario-dijo James mientras se cruzaba de hombros y me dedicaba una amigable sonrisa.
El gemido de la puerta acallo la conversación.
-Siento interrumpir-dijo Myrna.
-Buenos días mi señora-se arrodillo Molly.
-Por favor Molly, me va hacer sonrojar. Déjese de tanta formalidad.
-Como usted quiera mi señora… quiero decir, Myrna-tartamudeó Molly.
La campanita que golpeaba la puerta de entrada aviso a la enfermera que alguien nuevo la esperaba al final del pasillo.
-Molly querida, ¿no debería ir a atenderla?-dijo sutilmente Myrna.
-Perdón, discúlpenme- se excusó Molly cabizbaja. Y con una reverencia, se despidió de nosotros.
-Siento haber sido descortés Sam-dijo Myrna, cogiéndome de la mano- ¿Cómo te encuentras?
-Bien, gracias-dije sonriendo.
-Te he traído flores para que alegren un poco esta habitación-dijo Myrna, mientras sacaba un colorido ramillete de flores.
-Te lo agradezco-sonreí correspondido.
-Pero bueno, no solo he venido a traerte flores-habló Myrna- También tengo noticias frescas. No sé cómo os las tomareis…
-¿De qué se trata?-pregunto Loora.
-Luego hablaré con vosotros, pero primero tengo que aclarar un par de cosas con James-dijo Myrna- ¿Nos disculpáis un momento?
-Claro, no hay problema-dije.
James y Myrna cerraron la puerta tras de sí. Loora y yo cruzamos las miradas.
-¿De qué crees que estarán hablando?-pregunte a Loora.
-No lo sé, ¿quieres que lo averigüemos?-dijo Loora, con una gran sonrisa burlona.
Yo asentí con la cabeza. Loora se acercó sigilosamente hacia la puerta y empujo el picaporte muy discretamente.
-Ya les veo-susurro Loora.
-¿Les puedes oír?-pregunté.
-No muy bien. Pero James no parece muy contento-murmuró.
-NO ME PUEDES PEDIR ESTO-exclamó James-
-Chst, Loora, cierra la puerta- La recomendé.
-NO NO NO….ME DA IGUAL-gritó James- ESTO YA ES DEMASIADO.
-DETENTE JAMES-vociferó gravemente Myrna-ES UNA ORDEN.
-YO NO OBEDEZCO ORDENES DE NADIE-gritó James con un punto rabioso en los confines de su garganta.
La angustia se palpaba en el rostro de Loora. Lentamente, se sentó en la misma butaca dónde había pasado la noche, y se cubrió el rostro con las manos. Pasamos un buen rato en silencio, hasta que Myrna volvió a entrar
-Siento que hayáis tenido que oír esto, chicos-se disculpó Myrna.
-Por lo que hemos oído, no deben ser muy buenas noticias-dije.
-No son ni buenas ni malas. Son la realidad-contestó Myrna. Dio un largo suspiro, hasta que nos lo confesó- Me temo que la guerra ha comenzado.
-¡¿CÓMO?!-exclamo Loora muy alarmada.
-La oscuridad quiere una venganza, ha esperado años. Y no se detendrá ante nada-dijo Myrna.
-¿Pero, a nosotros que nos afecta todo esto?- pregunté.
-Nosotros somos la última defensa que le queda al mundo. Si perdemos, ambas realidades caerán sobre su mano de hierro-respondió Myrna- Tenemos que luchar y defender por derecho lo que nos pertenece.
-Tenemos que ir al frente, ¿verdad Myrna?- preguntó Loora- Por eso se ha ido James… ¿No es cierto?
-Llevas razón  querida, esa ha sido la causa de la discusión- aclaró Myrna. Volvió a dar una largo suspiro, a la vez que bajaba la cabeza- Sabía que no se lo tomaría bien.
-Es lo único que le queda a su familia… -comentó Loora, muy apenada- Y a mí…
-Ya tiene algo por lo que luchar, él no permitirá que nada malo mas os pase-dijo Myrna- Pero me temo que vuestro caso es distinto. Me entristece deciros que os tendréis que separar. Él  partirá al frente de batalla, a una fortaleza militar donde mejorara el arte de la guerra. En cambio, nosotros partiremos a la academia HighTower, centro de saber de todo conocimiento mágico desde tiempos inmemoriales. Allí aprenderéis a usar vuestro don. Y, en su debido momento, iréis a luchar. Ahora soy demasiado débiles y valiosos para enviaros sin una buena preparación a la guerra.
Pude oír los sollozos ahogados de Loora. Las lagrimas taponaros sus marones ojos, y también su garganta. Me preocupó, asique intente quitarle hierro al asunto:
-Perdona Myrna, pero… ¿Cómo diablos le voy a explicar esto a mis padres?-pregunte sarcásticamente.
-De eso ya tendremos tiempo para hablar durante el viaje. Partimos mañana-informó Myrna.
-¿Un viaje?-preguntamos Loora y yo, extrañados.
-Sí, no te lo había dicho. El Consejo tiene muchas ganas de conocer a su próximo aprendiz de druida…

Capitulo 7, Loora (Especial Los Soñadores)

-¡Ay!
-¡Estate quieta jovencita, a este paso  te quedará una cicatriz!- Dijo la enfermera, mientras sujeta la aguja con la que acababa de unir el corte.
Ahg, odiaba los puntos. No me gustaba nada sentir el paso de la aguja y el hilo a través de mi piel. “Cálmate, dos veces más y se acabó” Intenté relajar la mano y pensar en otra cosa. Abrí los ojos, que habían estado cerrados durante todo el proceso anterior. Esa habitación de la enfermería era pequeña, tan solo cabía una gran estantería llena de frasquitos y botes atestados de hierbas y ungüentos, y una pequeña butaca al lado del viejo colchón en el que ahora me encontraba sentada. La enfermera, que se encontraba limpiando unas pequeñas gotitas de sangre que habían manchado la aguja, miro en la dirección que mis ojos marcaban.
-Son diferentes tipos de medicinas. Detrás tenemos un pequeño jardín del que sacamos todos los ingredientes. Si quieres nos puedes ayudar luego a preparar las dosis de tu amigo- pronunció la enfermera, mientras sus dedos rechonchos se volvían a aferrar a mi muñeca izquierda.
-No soy muy buena con las mezclas... Pero bueno, creo que podría echarte una mano- la dije amablemente.
- Muchas gracias jovencit….
-¡AY, JODER!- La quemazón volvió al lugar de mi herida. Apreté los dientes mientras sentía como las lágrimas surcaban mis mejillas.
-Tranquila, este ya es el último.- La mujer apoyo despacio la aguja, y fue hundiéndola poco a poco en mi piel. Respire hondo, mientras el hilo surcaba mi carne- ¡Respira, ya esta! Dijo la mujer, tirando suavemente en contra de la gravedad de las dos piezas que acababan de atravesarme la epidermis.
-Gracias…- Proferí con un ronco sonido. Me aclaré la garganta intentando que mis vocablos volvieran a sonar como siempre.
-Oh, ¿Todavía te sigue doliendo? Tranquila cielo, voy a prepararte algo para que tu dulce voz vuelva a su sitio- Dijo la enfermera, mientras me guiñaba un ojo. Esa mujer me caía bien. No llegaba a entender como podía aun dedicarme palabras amables con la ajetreada noche que le habíamos dado- Espera aquí- Y abriendo la chirriante puerta de madera, la enfermera caminó hacia una habitación nueva.
Cogí una pomada granate de la bandeja de acero donde la sanitaria había traído las herramientas para curarme. Debía de haberse olvidado de ponérmela. Hundí el dedo índice y corazón de mi mano buena en la espesa mezcla, y pasé a aplicarla suavemente por encima de mis puntos y de mi piel rojiza. El frescor de la composición me calmó al instante la palma herida. Profesé un leve suspiro de satisfacción mientras limpiaba con unos pocos algodones los restos de la argamasa de mis dedos. Agarré la fina venda de lino de la misma bandeja de antes y empecé a enrollarla suavemente alrededor de mi extremidad, como la enfermera había hecho anteriormente con el brazo herido de Sam.
“Le faltó poco para matarme de un infarto…” Me confesé a mí misma. Y en cierto modo era verdad. Me desperté con el ruido de un montón de botes cayendo, y en sonido de un carito volcándose junto al cuerpo de Sam. Cuando abrí los ojos, lo primero que vi fue su cabeza golpeando el suelo, emitiendo un sonido que me heló la sangre. Me arrastré como pude hasta donde su complexión había caído, mientras llamaba asustada y a gritos a la enfermera. La dama llego tan pronto como pudo, y me ayudo a darle la vuelta para subirlo a la cama. Conseguimos quitarle de encima los restos de esquirlas, pero uno de esos afilados cristales araño fuertemente el brazo de Sam, tiñendo sus ropas y las mantas que tenía debajo de un fuerte rojo sangre. Me asuste, he intente sacar el vidrio de su miembro, con tan mala suerte que el afilado trozo de cristal me corto la palma de la mano. El olor ferroso de nuestro plasma me mareó, y mi estomago vacio intentó expulsar el nulo contenido que había dentro de él. Mire encrespada a la enfermera, que me ordenó en una serie de vocablos inteligibles que me  marchara de la habitación. Corrí hacia la última puerta del largo pasillo, la que daba al baño, dejando en el pasadizo un largo reguero de sangre. Al abrir la puerta, busqué como pude el cordoncillo de la vieja bombilla que había en el techo. Tanteé el aire que había encima de mi cabeza con la mano que aún conservaba intacta, hasta que conseguí encontrar la fina cadena, que encendió por fin la mohosa bombilla al mismo tiempo que sonaba el “Clack”. Me adelante hacia el pequeño lavabo, y deposite mi extremidad dolorida y sangrante en el mientras mi diestra intentaba averiguar cuál de las dos llaves daba paso al agua fría.  Palmee las dos cerraduras hasta que al final, sin saber cuál de las dos aberturas era la correcta,  me decidí por una, la errónea.
El agua, sacada de las calderas del infierno, goteo encima de mi herida haciéndome gritar de puro dolor. Cambie tan rápido como pude de llave para dar paso al agua helada sacada de algún rio o embalse cercano. El contacto, frio y fluido, me provocó un escalofrío por todo el cuerpo, pero calmo de una manera increíble el corte. Con el rabillo del ojo pude observar las baldas atestadas de toallas de un pequeño estante que se encontraba detrás de mí. Sin mover la extremidad del lavamanos, me puse de cuclillas hasta que mi brazo alcanzo la suave tela de rizo. Me levante, y empape un poco el paño en el agua de la palangana, que aún conservaba unos matices rojizos en la translucida agua, y enrollé la venda lo mejor que pude alrededor de mi palma izquierda. Un suspiro salió de mi boca, al tiempo que elevaba la cabeza hacia el espejo que tenía delante.
La superficie reflectante me dio una imagen de mi misma salpicada con pequeños resto de detergentes y desinfectantes. Y allí estaba yo, una chica pálida y ojerosa, con una melena castaña oscura que se prolongaba más allá de los hombros. Pose mis ojos en el váter que tenia al lado, y apoye mi cuerpo sobre su fría taza de mármol. Cerré los ojos un rato, hasta que las pisadas de la enfermera resonaron en la lejanía del pasillo y acercándose poco a poco al lugar que querían hallar.
-Oh cariño, ¡Valla susto me has dado! – Se pronuncio la enfermera, mientras abría el picaporte de madera de la puerta y se daba paso hacia el interior de la estancia- He estado muy ocupada curando a tu amigo, pero ya está bien. Tan solo tiene un tajo en el brazo y un chichón en la cabeza, pero nada que no se pueda arreglar con unos puntos y unos cuantos hielos. Acompáñame, vamos a curar ese pequeño corte…
Un leve olor a hierbas surco el aire de la habitación, haciéndome despertar de mis pensamientos. La veterana dama estaba tardando mucho, asique decidí ponerme en marcha e ir adonde se encontraba. Atravesé la puerta de madera para salir al pasillo que hace unos segundos mi mente recordaba lleno de pequeños charquitos de linfa roja.
El olor de las hierbas ahora se mezclaba con el perfume característico de los jabones tradicionales. Supuse que la enfermera, antes de ir a prepararme la infusión, había limpiado el cuadro impresionista que mi sangre había dibujado por todo el laminado del suelo. Pise con cuidado la madera, procurando que mis castas botas no provocasen mucho ruido. Avancé con pequeños pasitos hacia más o menos la mitad del pasillo, y me detuve en la puerta con el picaporte de metal. La habitación de Sam.
Empuje la portezuela lo mas suavemente que pude, y me adentré hacia el cuarto helado. En la cama, aun con restos de sangre, se encontraba apoyado el cuerpo de Sam, lleno de vendas. Parecía más una momia que una persona. Reí ante mis pensamientos, mientras una suave brisa procedente de la única ventana abierta que se encontraba en la habitación me acariciaba la piel de los antebrazos y los muslos. La verdad, la camisola de basto algodón color crudo y los cortos pantalones verdes que había utilizado para salir a dar un paseo con el caballo la tarde anterior no abrigaban mucho para la fresca mañana que hacía. Avance hasta el ventanuco, con la intención de cerrar las dos pequeñas persianas de madera por las que la corriente se abría paso hacia la estancia. Mire un poco hacia el exterior. Los rayos anaranjados del amanecer se filtraban entre las hojas verdes de los arboles. Estas, a su vez, danzaban suavemente con la brisa matinal provocando un susurro que se mezclaba con el canto de los pájaros y los bostezos de los herbívoros y depredadores que acababan de iniciar su jornada. Admire un rato mas el idílico paisaje, hasta que la corriente me obligó a volver a lo que estaba haciendo. Cerré despacio y con mucho cuidado las persianas, procurando hacer el menor ruido posible para no despertar a mi compañero.
Los sonoros zuecos de la enfermera sonaron en una parte lejana del pasillo. Ordene a mi cuerpo caminar hacia la puerta con pasos suaves y lentos. Al empujar hacia delante el picaporte, los olores que antes habían invadido mi nariz hicieron notar aun más su presencia. Avance unos centímetros y cerré delicadamente la puerta.
-¿Qué tal estas?- Gire mi cabeza. La amable mujer traía una humeante tacita de una porcelana blanca y pura en sus callosas manos. Su calzado marcaba un ritmo cada vez que andaba.
-Bien, gracias- La dije, dedicándole una sonrisa cordial- Había entrado un momento a ver como se encontraba Sam. He cerrado la ventana, hacia un poco de frio, no sé si la había dejado usted abierta…
-Oh no cielo, no te preocupes. La había abierto para refrescar la habitación y quitar un poco el olor de las medicinas, pero si es verdad que esta mañana hace un poco de frio- Me dijo la mujer, pasándome la taza caliente. Alce mi mano derecha al tiempo que la señora continuaba con su discurso- Parece mentira que estemos entrando ya en verano, valla tiempo de locos…- Bebí un sorbito de la infusión. La mezcla de limón y otras especias recorrió mi garganta- ¿Cómo esta, te gusta?
-Esta deliciosa, muchísimas gracias.
-Un placer cariño. ¿Por cierto, no tienes frio? Me están dando escalofríos con solo verte…-dijo la enfermera.
-Pues un poco la verdad…
-¡Aha!, espérame aquí- La mujer atravesó el marco de la puerta y se adentro hacia la estancia que yo había abandonado hace un segundo. Gire mi cuerpo hasta la pared opuesta a la de las habitaciones. Un fino vidrio separaba la enfermería del exterior, donde el césped tenía el color verdoso de los primeros días de lluvia, y la humedad del aire formaba un pequeño rocío encima de las vetas de los troncos, dándole un aspecto brillante a su particular madera. Unos pequeños destellos azules y dorados danzaban entre los árboles. Las hadas también habían empezado la jornada de hoy. Me quede admirando esas bolitas de colores posadas encima de las ramas de los altos abetos y pinos que ahora tenían un aspecto navideño.
-Toma jovencita- volteé mi cabeza, y vi que la enfermera me ofrecía la oscura chaqueta que Sam había llevado puesta la tarde anterior- Creo que ahora mismo tu amigo no la necesita.
-Gracias- Apoye un momento la ardiente taza en el poyete de la ventana y me puse la prenda de grueso punto. La lana acariciaba la piel de mis muslos mientras me abrigaba del frio exterior. Suspire de puro placer.
-Mucho mejor así. Acompáñame, te puedes quedar en una salita esperando hasta que t...
-En realidad quería salir un rato fuera-mencione mientras agarraba de nuevo la infusión- Bueno, creo que necesito despejarme un poco, no me ha ido muy bien en las últimas horas…
-Claro, te entiendo preciosa. Mira, acompáñame por aquí al laboratorio, que desde allí puedes salir al jardín.
-Vale- asentí y volví a dar otro sorbito a mi mezcla mientras avanzaba siguiendo a la mujer.
El laboratorio me parecía un sitio mágico. Todos aquellos armarios acristalados y baldas llenas de mejunjes, pociones y raíces y tallos de plantas daban a la estancia, junto con los matraces, probetas y frasquitos de vidrio, un maravilloso halo misterioso. Las estanterías, llenas de libros de páginas amarillentas y dibujos a lápiz, le daban el toque justo de sabiduría. Me gustaba ese sitio. Mire alrededor unas cuantas veces hasta que la enfermera me saco de mis ensoñaciones.
-Es por aquí cariño- dijo empujando una puertecita blanca- Te aconsejaría dar un paseíllo entre las plantas, ¡no te van a dejar indiferente!
-Muchísimas gracias… señorita
- ¡Jajajajaja, acabas de hacer feliz a una ancianita! Llámame Molly mi amor.
- Gracias Molly- la dije mientras la guiñaba un ojo y cerraba la puerta.
Dios, la mujer no se había quedado corta. Las plantas, que se pasaban unos cuantos centímetros de mi cabeza, lanzaban al aire sus especiados perfumes, salidos de unas maravillosas y coloridas flores de todos los tamaños. Avance entre los pequeños caminitos de tierra y hojas secas cual Alicia en el país de las maravillas. Y mientras caminaba, iba leyendo poco a poco los cartelitos que daban nombre a cada planta: “Raíz de Komodo, Jaula de oro, Aquarosatum, Mandrágora….” La niña que llevaba dentro hacía un repaso mental de todas las plantas mientras imaginaba las potentes mezclas que podían salir de aquellos ingredientes. Di un largo trago a mi infusión ya templada, mientras observaba una especie de rosa aterciopelada de color de las bayas. Me acerque un poco, y con mi mano herida toque suavemente uno de los pétalos de la flor, y acerque mi nariz para aspirar su embriagador aroma. Unas notas florales, mezcladas con algún tipo de olor frutal y dulzón se abrieron paso hasta mi pituitaria. Me sentí anonadada ante el olor de aquella planta. Olía a demasiadas cosas. Al amor de verano, al champú perfumado de la chica que te gusta, al impacto del sol en las pupilas, a una tarde de cine y palomitas, a sexo desenfrenado… Suspire ante la magia de aquella fragancia.
Un extraño ruido me hizo volver a la realidad. En una de las bifurcaciones del camino se oyeron unas amenazantes pisadas. No me eran conocidas, puesto que la enfermera no andaba con un paso tan decidido. Agudicé el oído todo lo que pude, pero lo único que conseguía oír era la frecuencia del crujir de las hojas secas. Me puse en lo peor, ¿Y si era un devorador? Mi cuerpo empezó a temblar. Los pasos se oían cada vez más cerca. Los nervios y la adrenalina empezaron a recorrer mi torrente sanguíneo.
-¿Quién anda ahí?- Dije en un tono agresivo. No parecía que a aquellas pisadas le faltase mucho para alcanzarme. A mis piernas tampoco les faltaba mucho para empezar a fallar.
-Su caballero andante, princesa- James salió detrás de una de las grandes plantas que se encontraban en el camino. Y el nerviosismo causado por el miedo volvió a mí de nuevo, por el pánico que me causaría perder ahora mismo al chico rubio que tengo delante. Una sonrisa alzó mis comisuras al tiempo que el avanzaba hacia a mí. Deje que su abrazo poliédrico cubriera todos los ángulos libres de mi cuerpo. Ahg, James, el hombre de las mil caras… Elevé un poco la cabeza para que nuestros labios se juntasen. Nuestras bocas se devolvían el saludo de bienvenida, mientras sus manos envolvían mi espalda, y una corriente eléctrica recorría mi sistema nervioso. Le amaba, le amaba, le amaba… Me deje llevar por el ritmo que marcaba su lengua y por los afrodisiacos olores del entorno. Aferré a su cintura como una anaconda. Era mío. Disfrute un poco mas de aquel James, hasta que decidió separar sus labios de los míos.
-Te he echado de menos- Dijo en un susurro- Lo siento, creo que estos días no han sido muy buenos, pero n…- Sus boca se encontraba muy cerca de la mía. Tanto, que cada vez que pronunciaba una palabra larga se ronzaban. Mi cuerpo suplicaba por un contacto más de aquellos labios, asique acallé a James con un beso. El gruñó, pero enseguida su boca acompaño a la mía. Sus manos ahora se encontraban en mi nuca, que se aferraban a la parte trasera de mi cuello pidiendo clemencia. Avance poco a poco hasta su oído, llenando el camino de suaves besos. Cuando sentí el cartílago apoye mi mejilla contra la suya, dejando mi boca a la altura del orificio auditivo.
-Te quiero- Le dije, mientras él se hacía dueño de mi cuello…
-¡CARIÑO, TU AMIGO ACABA DE DESPERTAR!-Gritó Molly en la distancia.

domingo, 7 de octubre de 2012

Un leve retraso

Queridos lectores me entristece comunicaros el retraso de la publicación del  Doble Capitulo del Especial  de Los Soñadores. Lo publicaremos a lo largo de la semana, tranquilos no os decepcionaremos ;). 
Nos falta acordar  lo que vamos hacer por la 2ª Edición de Los Soñadores así que será una sorpresa ^_^

Disculpar el retraso cumpliremos nuestra promesa.

El Escritor

jueves, 4 de octubre de 2012

La Revelación =S

Me enorgullezco de anunciaros los resultados de la encuesta. ¡Que nervios! Hemos alcanzado 806 visitas hasta día de hoy, y esperamos MUCHÍSIMAS mas.  En  casi  menos de 3 días hemos tenido mas de 100 visitas GUAU. La fecha del siguiente Especial de Los Soñadores sera en las 1000 visitas, esperemos que sea pronto, pero también dejarnos tiempo para planearlo ^-^ .

Y sin  entretenerme mas anunciamos a los ganadores de la Primera Edición  Especial de Los Soñadores....

(Cojo el sobre)

(Lo abro lentamente)

Y los ganadores son...............
S......
Lo.....
Jam.....
Nue......

¿Me tiemblan las manos tanto como a vosotros? Espero que así sea
Redoble de tambor por favor.....

¡Sam y Loora! 

Un millón de gracias a cada uno de vosotros, sin vuestra ayuda esto no hubiera podido ser posible.

El Escritor 

martes, 2 de octubre de 2012

Gracias =D

Un gran saludo  a todos nuestros lectores, la primera cosa que me gustaría hacer es agradeceros todo vuestro apoyo para que continúe la historia. A  día de hoy me encuentro con 696 visitas, podría decir 700 para quedar mejor pero hay que ser realistas xD, este número es abrumador  para mí. Solo el hecho de pensar que habéis entrado en este Blog 696 veces me hace sonrojar. Para celebrarlo y compartirlo con ustedes había pensado en hacer un especial cada 100 visitas. Por ejemplo, en cuanto llegue a 800 visitas podría hacer un doble capitulo o algo por el estilo donde vosotros podrías elegir los personajes en una encuesta y los ganadores serian los elegidos. Os invito a todos a participar poniendo como punto de inicio el 800, ese será nuestro primer especial de Los Soñadores. Acabo de empezar el Bachiller, todo el equipo del Blog tambien, por lo que es un tanto difícil publicar algo todas las semanas. Así que  aproximadamente publicaremos entre 2-3 capítulos mensuales, normalmente publicaremos los viernes, sábados y domingos. Esto no quiere decir que todos los fines de semana se vaya a publicar un capitulo, vosotros lo que tenéis que hacer es revisar el blog esos días y algún día acertareis ;)
Insisto muchísimas gracias a cada uno de vosotros, sin vosotros esto no hubiera sido posible.

El Escritor

lunes, 1 de octubre de 2012

Capitulo 6, Sam


Un cosquilleo me despertó. Se extendía por mis piernas, mi espalda, mi cuello… Moví las manos y toque aquello que me producía ese hormigueo: Hierba. Un suave y trasquilado césped rociado por una suave bruma. Abrí los ojos, y el tinte rojizo del atardecer se mezclaba con el misterioso color azulado de la noche. Pequeñas estrellas brillaban como diminutos diamantes en aquel cielo degradado, junto a su ama: Una perfecta y gran luna llena, que se alzaba gloriosa en la esquina de tan bella imagen. Me deshice de la vagancia que se apoderaba de mi cuerpo y me senté sobre mis rodillas. Si el bucólico paisaje que había contemplado hace unos segundos me había dejado sin respiración, la vista de lo que ahora presenciaba me había dejado sin habla.
Unos enormes arboles rodeaban el perímetro en el que me había despertado. Un claro con una ociosa hierba verde salpicada por flores de pequeños y coloridos pétalos. Giré la cabeza de un lado a otro mientras mis rodillas se alzaban lentamente, depositando por fin todo mi peso en los pies. Un travieso rayo de sol, que hasta ahora había permanecido oculto detrás de un gran tronco, me cegó, arrancándome el maravilloso panorama que acababa de contemplar y sumiéndome un segundo en mi mente, que se preguntaba a gritos donde narices estaba. Intente acallar a mi conciencia: “Sam, ¿donde estas?, ¿Por qué estás aquí?, ¿Qué ha sucedido?”. Y aunque deseaba contestar a cada una de las preguntas que mi razón espetaba, no podía hacerlo: porque no conocía la respuesta.
No sabía que era ese sitio, no sabía porque estaba ahí y no tenía ni la más remota idea de lo que había sucedido. Dentro de mi cráneo solo existían lagunas vacías y secas. Era frustrante. Y entonces mi conciencia volvió a dar una respuesta por mí: Un sueño.
Un simple y llano sueño, las imágenes que el cerebro proyectaba en el subconsciente mientras dormíamos. Si quería terminar con esto lo único que tenía que hacer era despertarme. Ya esta, simplemente necesitaba pensar en despertarme, y eso comencé a hacer. “Vamos Sam, despierta, no quieres seguir aquí, desp…”
“No, no puedes despertar todavía”. Me asuste, aquella voz sonaba en mi interior, pero no procedía de mi. ¿Qué era? ¿Y quién era? ¿Y porque podía habl…
“Tranquilo, se que tienes preguntas, y yo tengo respuestas. Tan solo sígueme…” La rara voz salió de mi cabeza y se alejo en la dirección opuesta que ahora contemplaba. Me di la vuelta para seguirla y examinar lo que había a mi espalda.
Lo primero que mi mente observo fueron los mismos arboles que se alzaban hace unos segundo delante mía. El moho de su corteza le daba un tono realmente bonito a su particular madera clara, que a su vez conjuntaba con las enormes brozas que sobresalían notorias y colmas de pequeños brote verdosos llenos de vida hacia un bonito cielo. Me maree con tan solo elevar la cabeza para ver lo altos que eran aquellos macizos. Por lo menos serian tan altos como el edificio d…
“No tenemos mucho tiempo, necesito que vengas ya. Por favor hazme caso y sígueme…” Y la misteriosa voz salió acelerada hacia la misma dirección. Vi hacia donde quería llevarme. Entre la parte inferior de los troncos parecía haber pequeños senderos que conducían a… nada.
Iba a decir la parte sombría del bosque, pero esa no era su descripción. No era sombra lo que había ahí, sino oscuridad. Una oscuridad negra azabache, un petróleo liquido que llamaba a gritos que me adentrara en el… Y un miedo irracional hacia aquella escena.
No, no quería. Retrocedí. Aquella oscuridad me provocaba un ilógico pánico. Me di la vuelta y comencé a andar hacia el sol que tenía delante. No me había dado cuenta, pero la luz dorada había ido haciéndose más tenue a medida que había ido discurriendo el tiempo. Y mientras hacia esta observación, mire asombrado como el cielo rojizo iba desapareciendo en el horizonte. Avancé a grandes trompicones cuando me di cuenta que esa oscuridad también había emprendido un camino hacia el atardecer.
“No te va a suceder nada. Tranquilo” Volvió a susurrar dulcemente la voz “Adéntrate, y vuelve a ser amigo de tu enemiga. Persígueme…”
No, no y no, no iba a adentrarme en ese horrible agujero negro. Ignore completamente a la transmisión y volví a emprender mi camino al ocaso. Los pies me resbalan en aquellas húmedas hojas, y a la vez se tropezaban con pequeñas y afiladas rocas. Trate torpemente de llegar al crepúsculo, pero observe entre troncos y ramas como el sol iba poniéndose en la lejanía. Comencé a correr tan rápido como la penumbra que tenía en mi espalda, pero fue en vano.
Y observe sin aliento como un último rayo de sol se colaba entre la vegetación, mientras sentía como la lobreguez invadía fríamente mis venas como si fuera tinta.
Mis músculos se tensaron ante aquel helado contacto. Inspire y concebí que el húmedo ambiente se filtraba hacia mis pulmones. Mis órganos retrocedieron ante el frio contacto, provocándome respirar aceleradamente. Las piernas también fallaron ante la gélida unión, y mis meniscos se desplomaron hacia los rudos cantos de las vetas que me sujetaban. El sonido y  de mis rodillas contra el suelo me provocó un ronco alarido que mi garganta no supo guardar. Y me quede allí, en aquel territorio, temblado y temeroso de lo que esa penumbra quería hacerme. Y note como poco a poco el sudor fresco de de mi cara se mezclaba con las lagrimas que brotaban de mis ojos.
“Cálmate, no te va a suceder nada… La oscuridad aquí no tiene poder. Tú eres el poder. Tú tienes el poder” Susurraron aquellos dulces vocablos “Continua tu camino, encuéntrame…” y la voz volvió a salir de mi cabeza para adentrarse más en aquello que me rodeaba.
¿El poder, que poder? No, no debía continuar con eso. Era mi propio subconsciente el que me estaba jugando una mala pasada. “Esto es un sueño Sam, tienes que despertar, despierta, vamos, despierta, es solo un sueño, abre los oj…”
“No Sam, no hay tiempo, todavía no puedes despertar. Tienes que encontrarme, es tu único modo de salir de aquí” Las palabras se repetían una  otra vez en un eco imaginario. Estaba cansado de ese juego. Volví a las andadas, me acurruque aun mas en aquel inhóspito lugar y emprendí a desear acabar con esto de nuevo. “No no, encuentr…” Esta vez fui yo el que contesto en voz alta: “No hay nada que encontrar”
“Vamos Sam, ¡EN PIE!” Y mi musculatura obedeció a la misteriosa voz. Note como la gravedad volvía a tirar de mí hacia abajo y como mi cuerpo regresaba todo su peso a mis pies. Mis ojos se abrieron de golpe para mirar ese fondo negro de nuevo.
“Búscame…” Los términos esta vez se quedaron en el aire, rebotando contra paredes imaginarias y haciendo que regresaran a mi canal auditivo de nuevo. “Búscame, búscame, búscame…” Mis oídos se quejaron por el continuo ruido que provenía de la negrura. “Búscame, búscame…” Mi cabeza expreso el mismo sollozo que hace unos segundos mis escuchados habían formulado.”Búscame, búscame, búscame, búscame…”
Y mirando hacia el frente y con la voz en alto, el que se pronuncio esa vez fui yo: “Búscala”
Un espectro de luz apareció en el frente. La cálida y reconfortante emisión blanquecina llamaba a gritos que me reuniera con ella. Y eso hice.
Avance con paso decidido, escuchado como mi peso partía ramitas y tropezaba con pequeños trozos de roca a su paso. Seguí el camino marcado por aquella luminiscencia, y poco a poco empecé a sentir una húmeda tierra debajo de la capa de piel de mis botas. Algo de ese paraje me resulto familiar, y comencé a seguir más seguro el camino que me marcaba.
Y casi por sorpresa, una figura ennegrecida se torno en medio de los rayos luminiscentes que el negro horizonte proyectaba. Me quede quieto, obligando a mis ojos a reconocer a la silueta que tenía delante. Lo único que pude observar era un vestido violáceo y un largo cabello azabache que se movían a la merced de un viento inexistente.
“Por fin me has encontrado. Sé que te he obligado a hacerlo, pero necesitaba que estuvieras aquí. El Reino está en peligro. Las dimensiones están en peligro. Tenemos que destruir al enemigo. No podemos fallar. La guerra. Todo acabara si fallamos. Hay que unirse. El enemigo nos espera. No necesitamos fuerza. No queremos armas. Astucia. Pericia. Poder. Necesitamos unión. Unión. Debes ayudar. Debes unir. Curar heridas y calmar tempestades. Debes hacerlo. No seas la h muda del comienzo de una palabra. Se el cero a la derecha. Muestra tu poder Sam, eres poderoso. Hazte valer, confía. No pierdas, te necesitamos”
A medida que la conversación transcurría, la voz sonaba cada vez mas angustiada. “Sálvanos. Hazlo. No falles. Te necesitamos. Poder. Tu. Confía…”
La silueta comenzó a desvanecerse de aquel rayo, mientras seguía con sus acongojados clamores “No queremos fuerza. Unión. Solo unión. Confía. Sálvanos. Hazlo. Tu...”
“Sálvanos…” Susurro la voz, y me deje ir con ella de nuevo hacia la oscuridad.





Y desperté otra vez, pero no en un bosque, sino en una sombría habitación bañada por los primeros rayos del sol al amanecer.  Observe más atentamente aquella estancia  de claroscuros.  Objetos médicos de otra época descansaban en las llanas mesas que se encontraban a lado de la cama llena de mantas en la que había despertado. Contemple una vez más aquella habitación y deparé en algo que mis ojos no habían alcanzado a ver hasta ahora.
Una joven, acurrucada bajo una manta tosca, dormía plácidamente con una leve sonrisa dibujada en los labios. Observe su pálido rostro, iluminado por unos pequeños rayitos de luz solar. Esa chica me resultaba familiar. Loora. ¿Loora?, ¿Quién es Loora?, ¿Y qué hacía yo allí? ¿Porque no estaba esperando, como todas las mañanas, a que sonase la grave alarma del despertador, y volver a círculo vicioso que se repetía todos los días de la semana?
Oí un pequeño ruido, y gire mi cabeza en su dirección. En el poyete de la ventana, aleteaba un pequeño pajarillo, escrutando con sus ojos la habitación. Piaba suavemente, y los pequeños botones que le servían de vista miraban en todas las direcciones posibles. Pero, en la lejanía, uno de sus hermanos pió, haciendo que mi nuevo amigo volase en dirección a la llamada.
Me quede contemplando como volaba hacia el exterior, hacia… la libertad. Donde yo tenía que ir.
Me incorporé hasta quedar sentado en mi cama. Tenía que salir de allí. Me lleve las manos hacia mi rostro para frotarme los ojos. Pero mientras mis articulaciones se encargaban de des nublarme la vista, note algo raro en mi frente. Palpe con más atención. Era una tela, que rodeaba toda mi cabeza. ¿Una venda quizás?
Quite las mantas que tenia encima, y me levante. Necesitaba salir de aquí, estaba herido. Apoye mis piernas en el suelo y me enderece sobre ellas. Pero en ese momento, mi pierna izquierda comenzó a mandar unos dolorosos escalofríos a lo largo de todo mi cuerpo. Mire en dirección a mi extremidad, y observe otra venda colocada perfectamente desde mi rodilla hasta el tobillo. Ahg, el dolor me iba a matar. Busque a mí alrededor un punto de apoyo, y observe un carrito metálico lleno de frasquitos. El dolor se estaba convirtiendo en pequeños aguijones que perforaban mi pierna. Aparte de un manotazo todos los botes, haciendo que se cayeran al suelo. Miles de pequeñas esquirlas volaron por toda la habitación en un agudo sonido.
La joven, despertada por el ruido, empezó a emitir pequeños gemidos. Y, a duras penas, conseguí apoyar todo mi peso en la metálica mesa. Pero no había contado con un dato importante: ruedas.
-Sam, ¿Qué ocur…- el carro se empezó a mover hacia delante, provocando que yo fuera en la misma dirección.
Y lo último que recordé fue un grito ahogado de Loora, la gravedad tirando de mí hacia abajo y un golpe que me volvió a dejar a oscuras.