Desperté en una gran habitación alargada, estaba
tumbado en una cama muy mullida. Tuve que
ponerme la mano sobre los ojos
para ver lo que había a mi alrededor, la habitación estaba muy iluminada
y mis ojos tardaron un poco en adaptarse. A ambos lados de mi cama había una
fila de camas que parecía interminable, en todas ellas había gente durmiendo.
Toda la estancia estaba pintada con colores suaves, y encima de cada cabecero
había una ventana. En el exterior llovía ya que
podía oír el repiqueteo de las gotas sobre mi ventana.
Silencio, solo se oía el ulular del viento al colarse por algún resquicio.
Silencio, solo se oía el ulular del viento al colarse por algún resquicio.
Me levanté de la cama, me costaba mucho
moverme, parecía que llevase una eternidad
inmóvil, llevaba puesto una especia de camisón blanco. Al pie de la cama
había un arcón, lo abrí, dentro me encontré
unas botas de cuero, una camisa blanca de algodón y unos pantalones
oscuros de tela basta, en el fondo tambien había una capa verde oscuro. Lo
saque todo y lo coloque sobre la cama, me lo puse lentamente y en silencio para
evitar despertar a nadie.
Me
encontraba desconcertado, no sabía qué lugar ese. Decidí ir a explorar. El tiempo pasaba y yo seguia andando por aquel pasillo infinito hasta que me encontré con un espejo, no podía creer lo que mis
ojos estaban viendo, tenía el pelo, si eso se podía llamar pelo, hecho una maraña. Debajo del espejo había una pila, sobre ella un cepillo,
lo cogí y comencé a peinarme el pelo,
una mueca de dolor surco mi rostro, cada cepillada que pasaba era peor,
tirones, tirones, y más tirones, llego un momento que cesaron y el pelo comenzó
tomar forma, cuando vi que no podía
hacer mas deje el cepillo y seguí andando. Parecía que no avanzaba, siempre a
mi derecha había camas y a mi izquierda solo pared, y así fue un rato hasta que
en la pared apareció una gran puerta de madera, acelere el paso, solo se oía el
sonido de mis pisadas en aquel inmenso corredor si fin.
Abrí la
puerta, esta chirrió rompiendo el silencio de aquel lugar. Una ola de aire fresco chocó contra mi
rostro, cerré la puerta tras m pasar, me
encontraba en un pequeño claustro, fuera seguía lloviendo. Vi a alguien vestido
con una túnica azul marino haciendo una especie de yoga. Al acercarme pude ver
que era una anciana, tenía los ojos en blanco.
-Disculpe-dije-Perdone,
¿me oye?-insistí al no recibir respuesta-
La
toqué suavemente el hombro, y de pronto abrió los ojos. Tenía los ojos color
plata, y tenía ya algunas arrugas que delataban su vejez. Me miró intensamente:
-Al fin
estas con nosotros-dijo mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro-
-¿Cómo
que con ¨nosotros¨? No la entiendo- dije mientras suspiraba-
-Todavía
le queda mucho por aprender- susurro para sí misma-
-Aprender
qué, dónde estoy- pregunte-
-Estas
aquí en la Tierra-contesto la anciana-
-No, ¿enserio?-
pregunte irónicamente- Cómo he venido a parar aquí-
-Nunca
te has ido, te estábamos esperando- contesto tranquila la anciana-
-Yo no
recuerdo haber venido nunca a este sitio- dije mientras me empezaba a
mosquear-Esperando, ¿para qué?-
-Estábamos
esperando a que despertaras-dijo la anciana-
-¿Despertar?-pregunté
desesperado-
-Ahora
es el momento de que aprendas a ver la realidad-dijo la anciana mientras
extendía su brazo hacia un lado-
-¿Realidad?
Debo de estar soñando-dije mientras me pellizcaba el brazo-
-Niño
tonto-dijo la anciana mientras me golpeaba la mano con la que me estaba
pellizcando-Tú no saber escuchar-inquirió la anciana- Ahora me toca hablar:
El
mundo del que procedes no es toda la realidad, la mayor parte de vuestros mitos no son mitos, sino que
son las personas que como tu han abierto el ojo de esta realidad y que contaron
lo que veían y los tomaron por locos. Vosotros sois los encargados de ayudar a
que las personas puedan ver la realidad verdadera. Normalmente la causa principal
es que se aferran a que no existe nada más
y no pueden ver lo que está pasando realmente por sus ojos. Algunos pasan toda
una vida sin ver la realidad y se pasan ¨durmiendo¨ hasta la eternidad.
La
anciana alzó la mano y la tierra tembló, la tierra bajo nuestros pies se elevó
hacia las nubes. Cuando cerró el puño de la mano la tierra se paró.
-Mira a
tu alrededor- dijo mientras daba una vuelta sobre sí misma- Esta es la otra realidad y hasta que no la
comprendas no podrás ver ambas realidades.
-¿Qué
es aquello?-dije mientras señalaba una zona más oscura de la tierra-
-Como
en tu mundo, también existen seres malvados y codiciosos-explico la
anciana-Debes de tener cuidado con ellos- dio mientras me agarraba la mano-
-Cuidado,
¿por qué?-pregunte angustiado-
-Estas
personas quieren utilizar vuestro poder para hacerse con el mando de esta
realidad-dijo la anciana-Vuestro poder es muy poderoso y peligroso, igual que puede
traer la paz puede traer la guerra-
La
anciana chasqueo los dedos y la tierra descendió hasta el nivel anterior. Una
nube de polvo se levanto, comencé a toser y me tape los ojos con las manos.
Cuando el polvo se disipo la anciana había desparecido.
Atravesé
la primera puerta que me encontré, la estancia donde acababa de entrar estaba
llena de estanterías con libros, era el archivo, cogí el
libro que más cerca se encontraba
de mí, contenía dibujos de la fauna de aquel sitio. Oí un ruido tras mi
espalda, una sombra se movía entre las estanterías. Corrí hacia la puerta, la atravesé
y la cerré tras de mí.
Note el
frío filo de una daga sobre cuello, y
note como me ataba las manos.
-Quietecito-inquirió
el asaltante-Ahora me vas a contar que hacías aquí y no hagas tonterías si no
quieres volver a casa hecho pedacitos-
Intente
zafarme pero él apretó la daga contra mi cuello y comencé a notar como la
sangre corría por él.
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