Aparecí en la oscuridad de mi habitación, la luz comenzaba a
filtrase entre las cortinas de la ventana. Sabía que a Loora le pasaba algo,
pero como la mayoría de las veces, se lo guardaba para ella. Aquello era
frustrante, porque se encerraba en su burbuja y se aislaba del exterior hacia
una parte de su mente a la que me era imposible acceder.
Estaba hambriento, asique decidí ir a la cocina a tomar algo. Baje sigilosamente la escalera para no despertar a Niamh, mi hermana pequeña. Llegue abajo. Las cortinas de la cocina estaban echadas, encendí la luz y vi a mi abuela sentada en la mesa de la cocina con una taza entre sus manos.
-Nana, ¿qué haces aquí con la luz apagada?-pregunté dulcemente.
-Te estaba esperando-dijo mientras se volvía.
-Pero ya sabes que a veces tardo mucho en volver-dije con tono de reproche
-Ya… pero es que Angy ha venido a verte-se excusó- Me pidió que te recordara que… no me acuerdo, creo que lo apunté en la nevera. Mi memoria ya no es lo que era-dijo mientras se frotaba las sienes-
Mi abuela ya no era la que era desde “el accidente”…
Ocurrió hace 5 años
aproximadamente, acababa de “despertar” y aquel mundo me fascinó de tal manera
que en ocasiones olvidaba lo que dejaba atrás. Empecé a descuidarme, a pesar de
las advertencias de Myrna de no utilizar mi don en mi realidad puesto que había
devoradores tras la busca de los recién despertado. También me recomendó variar
los lugares a los que me transportaba para confundirlos. Al principio me lo
tomé muy enserio, pero el tiempo pasaba y nunca me había ocurrido nada, asique…
¿para qué molestarme?-pensé. Ese fue mi gran error.
Una mañana al volver encontré mi antigua casa (la de mis
padres) patas arriba, revuelta, los colchones rajados y su respectivo contenido
se encontraba esparcido por las habitaciones… Los muebles habían sido volcados…Oí
unos gimoteos en un pequeño armario que había debajo de la escalera. Ande hacia
aquellos ruidos mientras los restos de lo que en su día fueron los cristales de
una ventana crujían bajo mi peso. Al abrir el armario encontré a mi hermana
abrazada Lily, su muñeca favorita.
-¿Qué ha pasado Niamh?-pregunte angustiado- ¿Te encuentras bien?
-Han... han… venido…unos hombres m….malos-conseguí entender entre sus llantos y gimoteos.
-¿Qué querían?-la abracé contra mi pecho para calmarla.
-N… no lo sé-contesto al tiempo que me empapaba la camiseta con sus lágrimas- Yo… estaba arriba con Lily toman… tomando el té con la señora Grace y M,… Mr Sonrisitas cuando Nana abrió la puerta aquellos hombres malos…
-Tranquila, ya estoy aquí- la acurruqué entre mis brazos.
-Esque oí un ruido ab…abajo y bajé para ver qu… que pasaba, pero esos hombres eran muy malos, ¡tiraban cosas por los aires! ¡Ten…tenias que verlos! Pero me asus… asusté y me escondí en el armario de la escalera-tartamudeo
-Ya pasó… ¿sabes dónde está Nana?-pregunte preocupado
Sacudió la cabeza. La levante en volandas y me dispuse a buscar a mi abuela.
-¿Qué ha pasado Niamh?-pregunte angustiado- ¿Te encuentras bien?
-Han... han… venido…unos hombres m….malos-conseguí entender entre sus llantos y gimoteos.
-¿Qué querían?-la abracé contra mi pecho para calmarla.
-N… no lo sé-contesto al tiempo que me empapaba la camiseta con sus lágrimas- Yo… estaba arriba con Lily toman… tomando el té con la señora Grace y M,… Mr Sonrisitas cuando Nana abrió la puerta aquellos hombres malos…
-Tranquila, ya estoy aquí- la acurruqué entre mis brazos.
-Esque oí un ruido ab…abajo y bajé para ver qu… que pasaba, pero esos hombres eran muy malos, ¡tiraban cosas por los aires! ¡Ten…tenias que verlos! Pero me asus… asusté y me escondí en el armario de la escalera-tartamudeo
-Ya pasó… ¿sabes dónde está Nana?-pregunte preocupado
Sacudió la cabeza. La levante en volandas y me dispuse a buscar a mi abuela.
La encontré, tirada
en el suelo de la cocina. Me acerque a ella, el corazón casi se me salió del
pecho… Llegué a pensar que estaba muerta,
pero aún respiraba. Deje a Niamh en una
silla y puse bocarriba a Nana. Con un paño húmedo le limpie un hilillo de
sangre seca que tenía en el rostro. Rápidamente llame a los servicios de
emergencia, los cuales no tardaron en llegar y en llevarnos al hospital.
Preguntaron por algún familiar cercano. No teníamos a nadie
más que a Nana, mis padres desaparecieron cuando Niamh cumplió 2 años. La
policía no saco nada en claro. No sabían si mis padres estaban vivos o muertos,
literalmente desaparecieron de la faz de la tierra. Aunque aquel era un tema
que era mejor no tocar. Nana no quería que nos preocupáramos más de lo
necesario.
Pasamos la noche junto a ella. Un medico nos pidió que la
dejásemos descansar, dijo que había tenido una experiencia muy traumática y que
tendríamos que ser pacientes con su recuperación. Tiempo después, cuando la
dieron el alta, Nana estaba en un estado catatónico, como denominan los
médicos. Era un muñeco viviente, solo que más alta y con más arrugas. Había que
darla de comer, tenía la vista perdida en un mismo punto, la teníamos que mover
nosotros cual marioneta…
Con el tiempo acabo
mejorando, pero siempre sufría alguna recaída. Nunca volvería a ser la misma, y
todo esto había ocurrido por mi culpa. Siempre que veía aquella mirada perdida,
el fantasma de la culpabilidad me recordaba aquellas imágenes, atormentando mi
interior. Todas aquellas noches de pesadillas en las que teníamos que ir a
calmar sus gritos de terror y angustia… Nunca olvidaría aquello.
Tiempo después decidimos marcharnos a una casa a las afueras
de la ciudad. La antigua casa de Nana. Era bonita, a las afueras en un pequeño
pueblo y apartada del bullicio de la gran ciudad. Desde entonces creo que las
cosas se suavizaron un poco, Nana sufría menos recaídas. Sentía que poco a poco
la normalidad volvía a apoderarse de nuestra vidas.
Después de aquel pequeño flashback mental, me acerqué a la
nevera para leer la nota: ¨Clases de Guitarra, mañana a 18:00!¨
Reconocí aquella letra puntiaguda al instante. Angy era mi mejor amiga desde que éramos pequeños. Siempre había estado ahí apoyándome y ayudándome. Había veces en las que sentía que éramos una sola persona. Aquellos eran momentos en los que estábamos conectados, los dos nos hacíamos uno en cuerpo, mente y alma. Tenía el pelo castaño claro y le gustaba llevarlo suelto. Le quedaba realmente bien. Su piel tenía el color de los primeros días de verano, y su nariz estaba salpicada por unas pequeñas pecas. Desde muy pequeña estudiaba música en el conservatorio del pueblo. No me sobraba el dinero para las clases, asique ella se ofreció a dármelas.
Fui pensando en los últimos acordes que debía aprenderme mientras acompañaba a Nana hasta su dormitorio. Le abrí la cama y la ayudé a ponerse el pijama. Ella me miro agradecida cuando salí de la habitación, y se durmió con una ligera sonrisa en el rostro. Miré el reloj, 7:09, todavía era muy pronto. Asomé mi cabeza en la habitación de Niamh, iluminada por una pequeña lamparita con forma de pez. Dormía plácidamente pensando que la luz espantaría a sus monstruos imaginarios. Cerré la puerta suavemente y cuando oí el ¨click¨ me fui a descansar a mi cama. Me puse los auriculares, y me quedé dormido inconscientemente entre la música de la radio y la grave voz del locutor dando los buenos días.
Las sartenes y fogones de la cocina se encargaron de despertarme. Bajé rápidamente las escaleras y entré en la cocina. Encontré a mi abuela cocinando tortitas y preparando té, mi hermana estaba sentada con Lily en la mesa, haciendo que le daba el desayuno.
-Buenos días dormilón-dijo Nana- ¿Has visto qué hora es?
-La una menos cuarto-dije, extrañado.
-No te preocupes hijo, ¡Parece que a todos se nos han pegado las sabanas!-dijo sonriente-Hoy tomamos un “desayunocomida”, ¿quieres zumo?
-No, gracias abuela-conteste adormilado.
-¡Mejor, porque Lily se lo ha acabado todo!-bromeó.
Estallamos en carcajadas. “Desayucomimos” tranquilamente, todo estaba realmente delicioso.
-¡Estaba muy rico Nana!, muchas gracias- dijimos Niamh y yo al unisonó, al tiempo que llevábamos los platos a la pila.
No hubo respuesta. Estaba con la mirada perdida sujetando la taza de té cerca de la cara. La rocé el hombro con suavidad, lo que la saco del trance.
-De… de nada niños-dijo con voz queda.
-¿Estás bien Nana?- pregunto Niamh.
-Si… solo estaba pensando en que hoy es… ¡DÍA DE LIMPIEZA! ¡Ya podéis poneros a recoger vuestras habitaciones antes de que suba a hacer la revisión. Hoy no tendré piedad, arrasaré con todo lo que encuentre a mi paso!-exclamó Nana.
-Vamos Niamh, ¡Nana esta en modo Monstruo de la limpieza!-dije entre risas.
Ambos subimos corriendo hacia nuestras respectivas habitaciones. Fue una buena mañana.
La hora de la clase se acercaba. Decidí ir a prepararlo todo en mi habitación, ya que la sala de estar estaba completamente patas arriba por la fiebre de limpieza de Nana. Se había vestido con una ropa un tanto cómica, unos pantalones azules que le que casi le llegaban a la altura de las axilas, una camisa blanco sucio desgastada por el tiempo y un colorido pañuelo en la cabeza.
Oí llegar una bici por el jardín. 17:49, como siempre llegaba pronto. Golpeó ligeramente la puerta de madera maciza. Nana fue a abrirla, y escuché como se saludaban, y a mi abuela preguntándola por su familia. Lo típico.
Subió las escaleras suavemente, y avanzó por el pasillo. Su forma de andar era extraña. Más bien que andar, iba dando pequeños saltitos. Una cabeza con una sonrisa de oreja a oreja asomo por la puerta, era Angy.
-¿Sabias que desde que acabamos el insti no he sabido nada de ti? Ni que hubieras muerto…-dijo con cara burlona, mientras sus ojos negros se posaban de manera acusatoria en los míos.
-Tranquila, Nana te habría llamado para que asistieras al funeral-bromeé.
-Tu tan bromista como siempre…- dijo sarcástica- Aunque eso de desaparecer de la faz de la tierra es algo normal en ti últimamente.
-Ya…-No sabía que decir.
-¿No te habrás echado una “amiguita”?-dijo haciendo el gesto de las comillas con los dedos.
-Que va, ya me gustaría- sentí una oleada de arrepentimiento al decirlo.
-Ah bueno, si tú lo dices…-dijo con una sonrisa enigmática.
-Bueno, ¿Qué te parece si empezamos?-dije dejando caer la pregunta.
-¡Aha!. Ah, te recuerdo que voy a dar un concierto en un local y me gustaría que fueses-dijo-Bueno, si te apetece podrías tocar tú también.
-Eso dependerá de si mi profesora me deja-dije con una sonrisa burlona.
-¡Permiso concedido!- dijo mientras daba una palmada y una risita se escapaba de su boca.
Saque mi guitarra, y comencé a tocar una melodía sencilla para ir calentando. Levante la mirada para ver si Angy daba su aprobación. Ella asintió con la cabeza e hizo un gesto con la mano para que comenzara. Tras tocar un par de canciones, empecé a tocar una nueva. La descubrí hará unas tres semanas en internet, y me gusto bastante. Busque por todos medios la partitura, hasta que di con ella en una página alemana. No había tenido mucho tiempo para mirarla. Aunque por la cara de Angy se podría decir que no lo debía estar haciendo muy bien.
Reconocí aquella letra puntiaguda al instante. Angy era mi mejor amiga desde que éramos pequeños. Siempre había estado ahí apoyándome y ayudándome. Había veces en las que sentía que éramos una sola persona. Aquellos eran momentos en los que estábamos conectados, los dos nos hacíamos uno en cuerpo, mente y alma. Tenía el pelo castaño claro y le gustaba llevarlo suelto. Le quedaba realmente bien. Su piel tenía el color de los primeros días de verano, y su nariz estaba salpicada por unas pequeñas pecas. Desde muy pequeña estudiaba música en el conservatorio del pueblo. No me sobraba el dinero para las clases, asique ella se ofreció a dármelas.
Fui pensando en los últimos acordes que debía aprenderme mientras acompañaba a Nana hasta su dormitorio. Le abrí la cama y la ayudé a ponerse el pijama. Ella me miro agradecida cuando salí de la habitación, y se durmió con una ligera sonrisa en el rostro. Miré el reloj, 7:09, todavía era muy pronto. Asomé mi cabeza en la habitación de Niamh, iluminada por una pequeña lamparita con forma de pez. Dormía plácidamente pensando que la luz espantaría a sus monstruos imaginarios. Cerré la puerta suavemente y cuando oí el ¨click¨ me fui a descansar a mi cama. Me puse los auriculares, y me quedé dormido inconscientemente entre la música de la radio y la grave voz del locutor dando los buenos días.
Las sartenes y fogones de la cocina se encargaron de despertarme. Bajé rápidamente las escaleras y entré en la cocina. Encontré a mi abuela cocinando tortitas y preparando té, mi hermana estaba sentada con Lily en la mesa, haciendo que le daba el desayuno.
-Buenos días dormilón-dijo Nana- ¿Has visto qué hora es?
-La una menos cuarto-dije, extrañado.
-No te preocupes hijo, ¡Parece que a todos se nos han pegado las sabanas!-dijo sonriente-Hoy tomamos un “desayunocomida”, ¿quieres zumo?
-No, gracias abuela-conteste adormilado.
-¡Mejor, porque Lily se lo ha acabado todo!-bromeó.
Estallamos en carcajadas. “Desayucomimos” tranquilamente, todo estaba realmente delicioso.
-¡Estaba muy rico Nana!, muchas gracias- dijimos Niamh y yo al unisonó, al tiempo que llevábamos los platos a la pila.
No hubo respuesta. Estaba con la mirada perdida sujetando la taza de té cerca de la cara. La rocé el hombro con suavidad, lo que la saco del trance.
-De… de nada niños-dijo con voz queda.
-¿Estás bien Nana?- pregunto Niamh.
-Si… solo estaba pensando en que hoy es… ¡DÍA DE LIMPIEZA! ¡Ya podéis poneros a recoger vuestras habitaciones antes de que suba a hacer la revisión. Hoy no tendré piedad, arrasaré con todo lo que encuentre a mi paso!-exclamó Nana.
-Vamos Niamh, ¡Nana esta en modo Monstruo de la limpieza!-dije entre risas.
Ambos subimos corriendo hacia nuestras respectivas habitaciones. Fue una buena mañana.
La hora de la clase se acercaba. Decidí ir a prepararlo todo en mi habitación, ya que la sala de estar estaba completamente patas arriba por la fiebre de limpieza de Nana. Se había vestido con una ropa un tanto cómica, unos pantalones azules que le que casi le llegaban a la altura de las axilas, una camisa blanco sucio desgastada por el tiempo y un colorido pañuelo en la cabeza.
Oí llegar una bici por el jardín. 17:49, como siempre llegaba pronto. Golpeó ligeramente la puerta de madera maciza. Nana fue a abrirla, y escuché como se saludaban, y a mi abuela preguntándola por su familia. Lo típico.
Subió las escaleras suavemente, y avanzó por el pasillo. Su forma de andar era extraña. Más bien que andar, iba dando pequeños saltitos. Una cabeza con una sonrisa de oreja a oreja asomo por la puerta, era Angy.
-¿Sabias que desde que acabamos el insti no he sabido nada de ti? Ni que hubieras muerto…-dijo con cara burlona, mientras sus ojos negros se posaban de manera acusatoria en los míos.
-Tranquila, Nana te habría llamado para que asistieras al funeral-bromeé.
-Tu tan bromista como siempre…- dijo sarcástica- Aunque eso de desaparecer de la faz de la tierra es algo normal en ti últimamente.
-Ya…-No sabía que decir.
-¿No te habrás echado una “amiguita”?-dijo haciendo el gesto de las comillas con los dedos.
-Que va, ya me gustaría- sentí una oleada de arrepentimiento al decirlo.
-Ah bueno, si tú lo dices…-dijo con una sonrisa enigmática.
-Bueno, ¿Qué te parece si empezamos?-dije dejando caer la pregunta.
-¡Aha!. Ah, te recuerdo que voy a dar un concierto en un local y me gustaría que fueses-dijo-Bueno, si te apetece podrías tocar tú también.
-Eso dependerá de si mi profesora me deja-dije con una sonrisa burlona.
-¡Permiso concedido!- dijo mientras daba una palmada y una risita se escapaba de su boca.
Saque mi guitarra, y comencé a tocar una melodía sencilla para ir calentando. Levante la mirada para ver si Angy daba su aprobación. Ella asintió con la cabeza e hizo un gesto con la mano para que comenzara. Tras tocar un par de canciones, empecé a tocar una nueva. La descubrí hará unas tres semanas en internet, y me gusto bastante. Busque por todos medios la partitura, hasta que di con ella en una página alemana. No había tenido mucho tiempo para mirarla. Aunque por la cara de Angy se podría decir que no lo debía estar haciendo muy bien.
-Es nueva- dije para excusarme.
-Ya, ya… Pues suena un poco… mal.
-Lo sé, lleva varios Fa.
-Ah, tus mejores amigos…- dijo Angy irónicamente.
Intente hacerlo otra vez. “Do, Si, La, Re, F...”
-Joder…
-Trae, déjame ayudarte-dijo Angy.
Se levanto despacio de la silla y se acercó a la cama, donde yo estaba. Se deslizo detrás de mí y bajos sus brazos para ponerlos a la altura de los míos. Empezó a avanzar hasta que nuestras manos se juntaron. Podía sentir como poco a poco su pecho se pegaba cada vez más a mi espalda, y como su respiración hacia que se me erizase el vello de la nuca. Sus finos dedos se colaron entre los de mi mano derecha, robándome la púa que tenia sujeta. Mientras su mano izquierda dirigía a la mía en busca de un hueco en el mástil.
-Haber, justo aquí- dijo Angy, con su cabeza apoyada en mi
hombro y su boca pegada a mi oído. Deposito suavemente mi mano en el mástil de
la guitarra- Este aquí, eso es… ¡No, ese fuera!- Dijo mientras iba apoyando y
quitando dedos- Ahí, ¡perfecto! Y ahora…
Su mano derecha rasgó las cuerdas de la guitarra con mi púa,
sonando un perfecto Fa.
-¿Ves? No es tan difícil- dijo mirándome. No podía pensar en
otra cosa en ese momento, sus chispeantes ojos negros estaban posados en los míos-
Emm… ¿tan mal lo he hecho?
-Ha sido perfecto-dije mientras una risa escapaba de mi
boca.
-Es una nota, tampoco te emociones…..- me dijo Angy.
Me gire y volví a mirarla.
-Oh, esque ha sido tan bonito… snif snif- bromee haciendo
que limpia unas lagrimas de mis ojos
-Idiota…- Me dio un golpe en el hombro, con tan mala suerte
que resbalo y cayó hacia delante dejando su cara a varios milímetros de la mía.
Como si de un resorte se tratara, cerré automáticamente los
ojos. Angy capto el mensaje, y sus labios se depositaron en los míos. Sus manos comenzaron a agarrar mi sudadera,
al tiempo que algo gritaba “Loora” dentro de mi cabeza. La duda comenzó a invadirme, y por un momento
separe mis labios de los de Angy.
Las perlas negras de su iris comenzaron a mírame de una
forma extraña, como si pidieran perdón a gritos.
-Lo… Lo sient…- intento decir, cuando la interrumpí con un
beso.
La voz de mi cabeza comenzó a callarse mientras un
sentimiento de lujuria invadía toda mi mente .Exploré la boca de Angy con mi
lengua al tiempo que recorría las curvas de su cuerpo con suavidad. Sus brazos
agarraban mi cintura. Metí mi mano debajo de su jersey, y empecé a subir por el
camino que marcaba su columna vertebral.
Un leve gemido se escapo de su boca al tiempo que mi mano
recorría su cuerpo. Su espalda se irguió, y mis labios empezaron a bajar por la
suave línea de su mandíbula. Echó la cabeza hacia un lado, dejando libre su
cuello. Deslice mis labios poco a poco
hasta llegar a su clavícula. Sentía su respiración acelerada y sus manos,
clavadas en la parte trasera de mi cintura.
Y en ese momento no había guerras, ni devoradores, ni reglas que seguir, solo
ella. Volví a posar mis labios sobre los suyos, quería volver a sentir ese
frenesí de lujuria. La bese una y otra vez haciendo que me olvidase de todo lo
que había alrededor, que todo dejase de existir.
Eche mi cabeza hacia atrás para contemplarla. Y en ese
momento me di cuenta que había una cosa que no había dejado de existir: Loora.
Y ahora se encontraba ahí, mirándome con esos dulces ojos.
Me asuste y parpadeé varias veces hasta que la cara de Angy volvió a reemplazar
la de Loora.
Los ojos de Angy ahora se preguntaban que me había pasados
-Perdona, esqu…
La puerta de mi habitación se abrió completamente, y Niamh
entro chillando:
-¡James!¡Jam…- Niamh observo el rubor en la cara de Angy,
que en ese momento se encontraba abrazada a mí. No tardo ni un segundo en
separarse, y salió corriendo al tiempo que decía: ¡Uy, que tarde es!.
Niamh comenzó a reírse, mientras salía disparada hacia su
habitación.
-¡Niamh! ¿Cuántas veces te he dicho que llames antes de
entrar?- la reñí
Me encanta la historia, me has dejado con la intriga. Espero con ansia el siguiente capitulo.
ResponderEliminarSIGUE ASI